Cómo me mantengo de pie

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Quienes me conocen saben que trabajo en el área de la tecnología, que disfruto mucho los deportes y que, durante muchos años, compartí muy poco de mi vida personal en este espacio.

Con el tiempo, he comprendido que también hay experiencias personales que vale la pena compartir, sobre todo cuando pueden abrir una reflexión, acompañar a alguien o simplemente recordarnos que muchas de las cosas que vivimos también las están viviendo otras personas.

Siempre me he considerado una persona positiva. Ante los problemas suelo buscar qué puedo hacer, qué depende de mí y cómo continuar incluso cuando las circunstancias no son las que hubiera elegido.

Pero la vida también tiene una manera muy particular de recordarnos que no todo depende de nosotros.

Tres reflexiones para llevar contigo

  1. Aceptar no significa dejar de sentir. Hay realidades que no podemos cambiar, y reconocerlas no elimina el dolor. Pero puede ayudarnos a dejar de gastar energía peleando contra aquello que ya ocurrió y comenzar a decidir qué hacemos con la vida que tenemos enfrente.
  2. Cuidarnos también es una forma de cuidar a quienes amamos. Buscar nuestro propio bienestar físico, emocional y espiritual no es egoísmo. Necesitamos estar lo mejor posible para poder acompañar, sostener y estar presentes para las personas que forman parte de nuestra vida.
  3. Seguir de pie no significa estar fuertes todos los días. También hay momentos para descansar, pedir ayuda, guardar silencio o reconocer que hoy podemos menos. Continuar caminando no siempre significa avanzar al mismo ritmo. 

La vida puede cambiar en un segundo. Un día podemos levantarnos pensando que sabemos cómo será nuestra semana, nuestro año o incluso los siguientes años de nuestra vida, y en cuestión de segundos todo puede cambiar.

En 2017 viví uno de los acontecimientos más difíciles que un padre puede imaginar: la pérdida de un hijo.

Nunca existió un plan de vida en el que hubiera contemplado que algo así pudiera suceder. Y, sin embargo, sucedió.

Hay experiencias que llegan sin pedir permiso y que no dependen de nuestra capacidad para prevenirlas, resolverlas o entenderlas. Después de ellas, muchas cosas cambian. Nosotros también.

El mundo, sin embargo, continúa su marcha. El tiempo no se detiene y, de alguna manera, tenemos que aprender a seguir viviendo dentro de una realidad que ya no es la misma. Así que hay que reconstruir la vida después de una pérdida

Aceptar no significa que deje de doler

Una de las palabras que más importancia ha tenido para mí desde entonces es aceptar.

Puede parecer una palabra sencilla, pero vivirla es completamente diferente.

Aceptar no significa estar de acuerdo con lo sucedido. Tampoco significa olvidar, dejar de extrañar o pensar que algo dejó de doler.

Para mí ha significado reconocer una realidad que no puedo cambiar.

Hay acontecimientos que están fuera de nuestras capacidades y de nuestro control. Podemos desear con todas nuestras fuerzas que no hubieran ocurrido, pero ocurrieron. Y llega un momento en el que seguir peleando contra esa realidad solamente consume la energía que necesitamos para continuar viviendo.

Con los años he comprendido que aceptar también puede abrir espacio para otra pregunta que ha sido muy importante en mi vida:

¿Para qué?

No para justificar lo ocurrido ni para pretender comprenderlo todo, sino para preguntarme qué puedo hacer ahora con la vida que tengo enfrente.

Cómo me mantengo de pie después de una pérdida

Si alguien me preguntara qué me ayudó a seguir caminando, una parte fundamental de mi respuesta sería muy sencilla: mi esposa y mi hija.

Ellas han sido una razón profundamente importante para procurar estar bien y buscar cada día una mejor versión de mí mismo.

Pero con el tiempo también he entendido algo más: no puedo cuidar adecuadamente a quienes amo si descuido por completo mi propio bienestar.

Hay una idea que sigo considerando muy importante:

una persona sin bienestar difícilmente puede dar bienestar a los demás.

Cuidarme no significa pensar solamente en mí. También significa tratar de mantenerme física, emocional y espiritualmente en condiciones de acompañar a las personas que forman parte de mi vida.

Seguir adelante tampoco significa estar bien todos los días

Ser positivo no significa negar lo que sentimos.

Hay días buenos y días mucho más difíciles. Momentos en los que uno necesita alejarse un poco, guardar silencio, descansar o simplemente recuperar equilibrio.

He aprendido que no necesito aparentar que todo está bien permanentemente.

También hay personas, conversaciones y situaciones que pueden desgastarnos. Por eso resulta importante cuidar dónde ponemos nuestra atención y nuestra energía, sin convertir ese cuidado en rechazo hacia los demás.

Estar bien también requiere aprender a reconocer nuestros propios límites.

Mi fe también forma parte del camino

Mi fe ha sido una parte fundamental de mi manera de atravesar lo vivido.

Pero hoy la entiendo de una manera quizá más madura que antes.

Tener fe no significa que todas las preguntas desaparezcan ni que necesariamente vayamos a comprender aquello que ocurrió. La fe también puede convivir con preguntas, dudas, tristeza y momentos en los que no sabemos muy bien cómo seguir.

En mi historia, una de las preguntas que apareció con mayor fuerza no fue solamente “¿por qué?”, sino:

¿Para qué?

Esa pregunta no cambió lo sucedido, pero sí fue transformando mi manera de relacionarme con ello.

Me permitió ver hacia adelante y preguntarme qué podía aprender, cómo quería vivir, cómo podía cuidar mejor a quienes estaban conmigo y qué sentido podía construir a partir de una realidad que ya no podía modificar.

Mi fe no me ha dado una explicación para todo.

Me ha ayudado a seguir caminando aun cuando no tengo todas las respuestas.

Aprender también forma parte de mantenerse de pie

Durante estos años he encontrado valor en frases, ideas, oraciones y reflexiones que me ayudan a recordar aquello que considero importante.

No las veo como fórmulas para resolver la vida. Son recordatorios.

Algunas han permanecido conmigo durante mucho tiempo:

  • Todos los días hago mi mejor esfuerzo y procuro terminar el día agradecido por haberlo intentado.
  • Nunca dejo de aprender.
  • Mi mejor vida también está formada por las personas que verdaderamente aportan a ella.
  • Todos los días trabajo en construir la vida que quiero tener, independientemente de aquello que me haya tocado vivir.
  • He aprendido a Orar sabiamente
  • He aprendido a no poner lo que me tocó vivir sobre las cosas que otras personas viven, un corazón humilde te hace ver las cosas desde otra perspectiva.
  • Mantente siempre fiel a tus creencias, en los momentos más duros te mantendrán de pie
  • La Paz no la alcanzas si no aceptas las cosas que no puedes cambiar.
  • Busca alejarte de personas conflictivas que te quitan tu energía, utiliza tu energía para estar bien y eventualmente ayudar a otros a estar bien.
  • Sé capaz de enseñar y también de aprender:  No siempre tienes la razón
  • Dios es lo más grande

Seguir de pie también significa seguir caminando

Hoy no creo que mantenerse de pie signifique permanecer fuerte todo el tiempo.

Hay días en los que mantenerse de pie significa avanzar.

Otros en los que significa descansar.

A veces significa pedir ayuda.

En determinados momentos simplemente significa aceptar que hoy podemos hacer menos de lo que quisiéramos.

Lo importante para mí ha sido no dejar de caminar.

No puedo cambiar lo sucedido, pero sí puedo seguir decidiendo qué hago con mi vida, cómo trato a quienes amo, qué aprendo de aquello que he vivido y qué quiero dejar detrás.

Quizá esa sea una de las formas en las que hoy entiendo seguir de pie.

No como si nada hubiera pasado.

Sino precisamente para que pasó, para que me transformó y para que todavía hay vida por vivir.

Al ver estos años hacia atrás, entiendo que cómo me mantengo de pie no depende de una sola respuesta. Tiene que ver con aceptar, cuidar mi bienestar, permanecer cerca de quienes amo, apoyarme en mi fe y seguir encontrando razones para caminar. 

Mi libro, Lo que dejas atrás viene hoy como parte de esa transformación a la que hago referencia en este artículo.

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