Una entrevista y un libro…. cuando la conversación deja de ser sobre lo que hacemos y comienza a ser sobre quiénes somos, también puede convertirse en una oportunidad para vernos desde otra perspectiva.
Hace algunas semanas recibí una invitación que, debo reconocer, me tomó por sorpresa. En Siete24 querían hacerme una entrevista para conversar sobre mi historia personal, las experiencias que me han ido transformando y, por supuesto, sobre mi libro Lo que dejas atrás.
Me sentí muy halagado y honrado por la invitación, pero también sorprendido.
Durante muchos años he participado en conversaciones, entrevistas y proyectos relacionados con la tecnología, internet y la comunicación digital. Son temas que forman parte de mi vida profesional y en los que siempre me he sentido cómodo.
Esta vez era diferente.
No se trataba de hablar sobre lo que hago, sino de compartir algo mucho más personal: una parte de mi historia, de lo que he aprendido y de cómo algunas experiencias que nunca hubiera elegido vivir terminaron transformando mi manera de entender la vida.
Cuando otros ven algo que nosotros no siempre alcanzamos a ver
Hay algo que quiero compartir con mucha sinceridad.
Cuando recibí la invitación, una de las primeras cosas que pensé fue que seguramente existen muchas historias más relevantes que la mía. No me considero una persona extraordinaria ni alguien que haya hecho algo que merezca una atención especial.
Sin embargo, con el tiempo, algunas personas me han hecho comentarios que me invitan a ver las cosas de otra manera.
Me han preguntado cómo he logrado seguir adelante después de lo que vivimos como familia, cómo encuentro la disposición para continuar con mis proyectos o cómo fue posible transformar parte de esa experiencia en un libro.
La verdad es que pocas veces me detengo a observar lo que hago en mi día a día.
Simplemente vivo, trabajo, aprendo, me equivoco, intento corregir y sigo caminando. No suelo pensar demasiado en cómo se ve mi vida desde afuera, porque desde adentro solamente estoy procurando vivirla de la mejor manera que puedo.
Pero esta invitación me hizo reflexionar sobre algo.
A veces no somos completamente conscientes de lo que nuestra propia historia puede significar para alguien más.
Y no porque tengamos respuestas extraordinarias o hayamos encontrado una fórmula para enfrentar las dificultades, sino porque compartir lo que hemos vivido puede ayudar a otra persona a encontrar una manera diferente de ver su propia realidad.
Tres reflexiones que me dejó esta experiencia
1. No necesitamos tener una historia extraordinaria para compartir algo valioso. A veces, lo que hemos aprendido en medio de nuestras circunstancias puede ser justamente lo que alguien más necesita escuchar.
2. Hablar de nuestras pérdidas no significa quedarnos atrapados en ellas. También puede ser una manera de reconocer lo vivido, honrar nuestra historia y descubrir cómo queremos seguir caminando.
3. Lo que compartimos cobra sentido cuando puede servir a alguien más. No se trata de tener todas las respuestas, sino de abrir espacios para reflexionar, acompañarnos y recordar que siempre podemos seguir aprendiendo.
Una entrevista y un libro, hablar de una pérdida desde un lugar diferente
Durante la entrevista hubo varias preguntas que me llevaron a reflexionar sobre el camino recorrido desde la muerte de mi hijo Mauricio.
Han pasado nueve años y, aunque el tiempo nos permite adquirir perspectiva, hay experiencias que permanecen profundamente presentes en nuestra vida.
Hoy puedo hablar de muchas cosas con mayor serenidad, con más preparación y, quiero pensar, con un poco más de sabiduría que la que tenía cuando todo comenzó.
Pero eso no significa que haya dejado de doler.
Una de las ideas que compartí durante la conversación es que el duelo no es algo que simplemente superamos para después continuar como si nada hubiera sucedido. Es una experiencia que aprendemos a incorporar a nuestra historia.
Y ese aprendizaje no es igual para todos.
Cada pérdida es única, cada duelo es personal y cada uno de nosotros tiene sus propios tiempos, recursos y maneras de enfrentar lo que estamos viviendo.
Con el tiempo he comprendido que aceptar nuestra realidad no significa estar de acuerdo con lo sucedido, mucho menos olvidarlo. Significa reconocer que forma parte de nuestra vida y que, desde ahí, tenemos que encontrar una manera de seguir caminando.
No es sencillo. Nunca he pretendido decir que lo sea.
Pero también he descubierto que el autoconocimiento, la fe, el acompañamiento y las herramientas que vamos adquiriendo pueden ayudarnos a encontrar momentos de paz, incluso cuando hay circunstancias que no podemos cambiar.
Lo que permanece también merece nuestra atención
Uno de los momentos más significativos de la entrevista llegó cuando hablamos de Mauricio y de lo que significa honrar su memoria.
Hay algo de lo que estoy profundamente convencido: algún día volveré a encontrarme con él. Y cuando eso suceda, quisiera poder decirle que hice mi mejor esfuerzo con lo que tuve a mi alcance.
No porque haya hecho todo correctamente, sino porque procuré seguir viviendo con responsabilidad, amor y gratitud por lo que todavía tengo.
Porque también soy esposo, soy papá y tengo una familia con la que quiero seguir construyendo recuerdos, compartiendo momentos y disfrutando la vida.
La pérdida de Mauricio transformó nuestra historia, pero no terminó con ella.
Seguimos teniendo motivos para sonreír, para celebrar, para aprender y para disfrutar de tantos momentos que la vida nos sigue regalando.
Y eso no significa olvidar.
Volver a reír no significa que alguien nos haga menos falta. Volver a ser felices no significa que hayamos dejado de amar a quien ya no está físicamente con nosotros.
Creo que una parte importante de nuestro camino consiste precisamente en aprender a reconocer lo que permanece, sin negar aquello que hemos perdido.
Lo que dejas atrás: compartir para acompañar
Durante la conversación también hablamos de mi libro Lo que dejas atrás y de lo que espero que las personas puedan encontrar en sus páginas.

Nunca lo pensé como una receta para vivir el duelo, porque estoy convencido de que esas recetas no existen.
Lo escribí desde mi experiencia, desde lo que fui aprendiendo y desde las herramientas que me ayudaron a comprender mejor lo que estaba viviendo.
Mi intención fue hacerlo de una manera sencilla, cercana y accesible.
Durante la entrevista surgió una expresión que me gustó especialmente: pensar en el libro como un compañero de camino.
Me hizo mucho sentido.
Porque no pretendo decirle a nadie cómo tiene que vivir su pérdida ni cuánto tiempo debería necesitar para recuperar cierta tranquilidad. Mucho menos ofrecer respuestas definitivas a preguntas que, en ocasiones, nos acompañan durante toda la vida.
Lo que deseo es que alguien pueda encontrar, entre sus páginas, una reflexión que le ayude a conocerse mejor, a valorar lo que tiene o a descubrir alguna herramienta para enfrentar sus propios desafíos.
Y si eso sucede, aunque sea con una sola persona, el esfuerzo de haberlo escrito habrá adquirido un sentido muy especial.
La gratitud de poder compartir
Terminé la entrevista con una sensación muy particular.
Por una parte, una profunda gratitud hacia Siete24 y hacia quienes hicieron posible esta conversación. Agradezco mucho la manera respetuosa, sensible y humana con la que llevaron las preguntas y me permitieron compartir una parte tan personal de mi historia.
Pero también me quedé reflexionando sobre cómo la vida nos va llevando por caminos que jamás imaginamos recorrer.
Soy ingeniero de formación. Durante buena parte de mi vida mis intereses profesionales han estado relacionados con los sistemas, la tecnología y la comunicación digital.
Nunca imaginé que algún día estaría conversando públicamente sobre el duelo, la fe, las pérdidas, el sentido de la vida y las posibilidades de transformación que existen dentro de cada uno de nosotros.
Y, sin embargo, aquí estoy.
No me gusta la manera en que llegué a este punto. Si hubiera podido elegir, muchas cosas habrían sido diferentes.
Pero tampoco puedo negar cuánto he aprendido en el camino.
Hoy entiendo que no tengo que tener todas las respuestas para compartir algo que pueda resultar valioso. Que siempre hay espacio para seguir preparándome, para escuchar otras historias y para aprender de quienes también están recorriendo sus propios procesos.
Y tal vez lo más importante sea comprender que lo vivido puede adquirir un sentido distinto cuando encontramos la manera de ponerlo al servicio de los demás.
No porque nuestra historia sea más importante que otras, sino porque todas las historias tienen algo que enseñarnos.
Agradezco profundamente esta primera oportunidad de conversar desde una faceta distinta de mi vida.
Me permitió detenerme por un momento, observar parte del camino recorrido y reconocer que incluso aquello que nunca quisimos vivir puede convertirse, con el tiempo, en una oportunidad para acompañar a alguien más.
Sin duda alguna, una entrevista y un libro que me han ayudado a verme y a escucharme desde otra perspectiva, haciendo una pequeña pausa para reconocer cosas a las que pocas veces nos damos el tiempo y la oportunidad de prestar atención.
Y me quedo con una pregunta que quiero compartir contigo:
¿Alguna vez te has detenido a pensar que algo de lo que has vivido, aprendido o superado podría ayudar a otra persona que hoy está recorriendo un camino parecido al tuyo?